ADIVINANZA VISUAL 11. Solución

Pero esto…¿Qué es?

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Esta vez fueron Alfonso, Verónica y Estefanía  quienes se dieron cuenta de que ese pedazo de alienígena era el ojo de una babosa. ¡Menuda vista!

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Published in: on abril 30, 2009 at 3:48 pm  Dejar un comentario  

LA FILMOTECA DE EXTREMADURA

Por Iván Guerra

Estuvimos a visitar la Filmoteca de Extremadura. Nos recibió Blanca, que nos hizo de guía, nos contó la historia del edificio y también nos enseñó la biblioteca.

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Rubén, el técnico de proyección, nos enseñó la cámara donde las películas se almacenan a bajas temperaturas, nos las mostró por separado: primero las películas de color y después las de blanco y negro. Por último, vimos varios cortos de animación que fueron muy divertidos e interesantes.

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Después fuimos a un museo sobre la Semana Santa y lo que más me gustó fue un aljibe muy bonito y antiguo.

Me pareció una experiencia muy agradable.

Published in: on abril 30, 2009 at 3:33 pm  Dejar un comentario  

ADIVINANZA VISUAL 10. Solución

¿ES UN ESPEJO?

Va a ser que no. Pero observad bien: en la parte brillante se ven reflejados el cielo, el campo, la copa de un árbol y, a la derecha, la imagen del fotógrafo. ¿Qué será?  No hace falta que digáis su apellido. Basta con que adivinéis su nombre

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Muchas respuestas, muy imaginativas:un murciélago, un grano de café, un escarabajo, una coraza, la cabeza de un delfín, una semilla, una bellota… Pero solo ALBERTO S. supo que era una mosca, así, sin apellido. ¡Felicidades de nuevo, Alberto!

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Published in: on abril 27, 2009 at 7:02 pm  Dejar un comentario  

SENDERISMO. Embalse del Guadiloba

           camino

1º G participó con todos los grupos de 1º ESO del centro en una marcha hasta el embalse del Guadiloba. Al llegar, descanso y bocata. Y después, a jugar.

          parque1

Alguno se escapó de la foto, porque aquí no estamos todos. ¿Y Rubén? ¡Ah! Está ahí subido, en lo más alto. ¡Rubén, bájate de ahí ahora mismo! Pero, ¿y los demás?

¡Ah, estabas ahí!

¡Ah, estabas ahí!

Pero,¡si ya no cabéis!

Pero,¡si ya no cabéis!

Published in: on abril 27, 2009 at 5:26 pm  Dejar un comentario  

EL ENIGMA DE LA ESFINGE IX

Toda Tebas era una fiesta. Todo eran gritos de júbilo, alegre música de chirimías, flautas, timbales y campanas. Todo el mundo quería ir al monte Antedón para comprobar con sus ojos la venturosa desparición de la Esfinge.

Edipo avanzó a contracorriente, a duras penas, en medio de aquella sonriente masa humana. En la mano derecha empuñaba su bastón, la izquierda se posaba en su pecho, sujetando con fuerza el rollo de los enigmas que debería entregarle a la muchacha, a Irene.

Preguntando por ella a la gente apresurada que cruzaba, logró dar con la casa. Irene, su madre, su abuelo y su hermano Zale se disponían en ese momento a bandonarla, para acudir también al monte Antedón.

-Traigo un recado para Irene- dijo Edipo.

Quisieron hacerle pasar, quisieron brindarle la hospitalidad que se debe al viajero, pero Edipo tenía prisa. El suelo de Tebas le quemaba bajo las gastadas suelas de sus sandalias.

– La Esfinge dejó esto para ti. Dijo que tú sabrías. Dijo también que volvería en un plazo de seis meses si antes no son resueltos los enigmas que van escritos ahí. Ahora debo seguir mi camino. Larga vida a Tebas.

Sin beber ni tan siquiera un trago de agua, Edipo se mezcló con la gente que, libre al fin de la Esfinge, cruzaba bulliciosa las calles y se atrevían a cruzar su muralla sin ningún temor.

– Ese que sa va es Edipo, nuestro antiguo rey – dijo el abuelo de Irene.

– No abuelo, te equivocas. Era un pobre mendigo ciego, vestido de harapos. No pudiste verlo, por eso te confundes.

– Precisamente lo reconocí porque no puedo verlo. Mis oídos han distinguido muy bien los pasos de sus pies hinchados.

Irene y los demás no prestaban atención a las palabras del abuelo. Leían los enigmas, que debían ser resueltos en el orden estricto en que aparecían escritos en el rollo.

– ¿Es que nunca vamos a tener la fiesta en paz?- preguntó Irene, desanimada.

Creía que la Esfinge se había ido para no volver más y ahora resultaba que continuaban emplazados a jugar el juego que ella, tiránicamente, imponía a la ciudad de Tebas. Más enigmas y la amenaza del retorno del monstruo. Irene recordó a sus amigos del futuro. Ojalá volviesen para resolver cuanto antes el primero de los seis enigmas, que decía así:

CONTIGO NO ESTOY. ME VERÁS EN UN MINUTO. REPETIRÉ EN UN MOMENTO. EN UN AÑO ME HABRÉ IDO.

Irene no tenía ni idea de cuál podría ser la solución. Guardó los enigmas en el arca más segura de la casa, la que tenía más recios cerrojos, y se dispuso a ir hasta el monte Antedón con su familia. Seguro que los enigmas podían esperar un poco, pensó de nuevo feliz por la reciente y ya amenazada libertad de Tebas.

Published in: on abril 27, 2009 at 4:34 pm  Dejar un comentario  

¡ENHORABUENA, VERÓNICA!

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               veronica

Ya te dimos un aplauso cuando te llegó la noticia, pero además queremos que todo el mundo sepa que estamos muy orgullosos de ti por ese tercer premio que has conseguido en el Concurso Literario. Porque , aunque el premio te lo has ganado tú, en realidad es un premio para todos, para 1º G, porque tú eres una de los nuestros.

                        ¡Aúpa Verónica!      trophy1

Published in: on abril 19, 2009 at 7:15 pm  Dejar un comentario  

SALVANDO LA NATURALEZA

Por Alejandro Rubio, Verónica Rebollo y Alberto Sierra

Fotografía: Carlos García

En marzo estuvimos con el profesor de Ciencias Naturales en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Sierra de Fuentes. Los animales llegan allí en malas condiciones, casi siempre por culpa de los humanos; allí se recuperan y a veces es posible volver a dejarlos en libertad.

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Nuestra guía nos contó cómo los anillan al llegar, nos enseñó huevos de distintas aves y nos explicó qué es una egagrópila, que es una bola de desechos que regurgitan las rapaces después de comer.

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Pudimos ver garzas, cigüeñas, cuervos, buitres, águilas, cernícalos, linces, ginetas, lechuzas, meloncillos… También vimos una caseta donde crían ratones para alimentar a algunos de los animales y el lugar donde instalan a las crías que se han quedado sin padres.

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Aprendimos muchas cosas sorprendentes. Por ejemplo, que las lechuzas tienen un oído arriba y otro abajo, para poder oír con más precisión, y que sus ojos son tan grandes y están en mitad para poder ver de noche; que la edad de las  águilas se puede saber por el color de su plumaje ( más oscuro el de las jóvenes); que los meloncillos se estresan cuando ven mucha gente y entonces se ponen a caminar una y otra vez el mismo trayecto…

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Fue una visita muy  interesante. Pudimos ver de cerca muchos animales que es muy difícil ver en el campo. Siempre es bueno recordar lo importante que es cuidar nuestra fauna y toda la naturaleza.

Published in: on abril 19, 2009 at 6:52 pm  Dejar un comentario  

EL ENIGMA DE LA ESFINGE VIII

Las últimas noches,  los tebanos habían vuelto a probar la crueldad de la Esfinge. Buena parte de los caballos del Rey Creonte habían aparecido muertos en sus cuadras, envenedados por el ponzoñoso aliento de la Esfinge, que no cesaba de sobrevolar la ciudad y sus campos desde que se ponía el sol. Una tejedora murió estrangulada mientras  venía de recoger lino de los prados y muchos otros habían muerto envenenados, tras beber el agua del pozo más alejado del monte Antedón, donde, sin embargo, la Esfinge había hecho llegar su veneno. La desolación y la desesperanza se adueñaban de la ciudad, e Irene hacía ofrendas a los dioses cada día, para que enviaran a un nuevo visitante del futuro que resolviese el enigma. Sombra, su hermoso caballo, era su mayor alegría, en medio de tanta tristeza.

Raquel despertó al borde del polvoriento y solitario camino que, bordeando el monte Antedón, conducía a las murallas de Tebas. Sus ojos soñolientos lanzaron una verde mirada a su alrededor. Cuando vio a la Esfinge, inmóvil sobre el monte, creyó estar soñando, así que se levantó de un brinco y dio algunos pasos, aguzando la vista. No, no soñaba, “aquello” estaba allí arriba y,  algo más lejos, se veía la ciudad amurallada de Tebas.

– ¿Y si es que estoy otra vez en Granada y ese bicho de ahí arriba es un muñeco de cartón-piedra para una peli?- pensó Raquel en voz alta, tratando de tranquilizarse a sí misma.

Raquel había estado en las últimas vacaciones visitando Granada con su familia y, la verdad, la Alhambra y el Generalife le habían parecido una birria, por mucho que su profesora le hubiera dicho entusiasmada que Granada era una ciudad maravillosa. Pues tenía gracia haber vuelto a Granada. Y sola. Y encima el maldito teléfono móvil ahora no tenía cobertura y no podía llamar a casa para decir que estaba otra vez en Granada, inexplicablemente, porque las vacaciones habían acabado ya y donde ella tenía que estar era en el Instituto, otra vez en el Insti…

– No es Granada la ciudad que tus ojos ven. Es Tebas. Y el monstruo que ves es la Esfinge, que ha regresado.

La voz sonó de improviso a su espalda. Raquel se volvió sobresaltada y encontró a un hombre que parecía un anciano sin serlo todavía, vestido de una forma estrafalaria: llevaba una vieja túnica blanca de tela muy burda, deshilachada y sucia; sobre su cabeza lucía un sombrero de paja en forma de cono, con el ala muy ancha. Se apoyaba en una rama seca y retorcida, y sus párpados estaban cerrados en las cuencas vacías y hundidas. A Raquel se le escapó un grito de espanto.

– No temas nada, muchacha, no voy ha hacerte ningún daño. Ya hice, por desgracia, todo el daño que un ser humano puede hacer. Tanto y tanto daño hice sin saberlo, que no pude soportarlo y yo mismo me arranqué los ojos… Sí, muchacha, no pongas esa cara de asombro: es mejor no tener ojos para no ver lo que resulta insoportable.

– Lo siento mucho, de verdad- acertó a decir Raquel, estremecida por las palabras que acababa de oír y por la tristeza infinita que impregnaba la voz del hombre-. Me llamo Raquel, no sé cómo he llegado aquí y me gustaría volver a casa.

– Te conduciré a Tebas. Allí podrán ayudarte. Yo te guiaré en el camino. Pero antes, la Esfinge nos exigirá responder a un enigma. No te preocupes: los enigmas se me dan muy bien.

Habían empezado a caminar a buen paso camino adelante. Raquel tenía la impresión de estar soñando, una sensación angustiosa de confusión y extravío. Sin embargo, aquel hombre sin ojos que llevaba a su lado le infundía tranquilidad  y confianza, a pesar de que las cosas que contaba parecían cosas de loco. En realidad, no veía a nadie más por los alrededores que pudiese prestarle ayuda y, si tenía que enfrentarse a aquel monstruo, más valía ir acompañada, aunque fuese por un ciego loco.

– Como te decía, Raquel, se me dan bien los enigmas.

– A mí también. Tengo un libro de adivinanzas y en clase he resuelto varios enigmas .

– ¡Ah! ¡Magnífico, muchacha! – por primera vez, Raquel vio la tristísima sonrisa de su acompañante-. Entonces tendremos éxito, seguro. Conocí a la Esfinge hace años. Estaba en el mismo lugar que ahora y yo venía por este mismo camino, huyendo de mi destino. La Esfinge tenía atemorizada a la ciudad de Tebas y exigía a los caminantes que pasaban la solución de un enigma. Ninguno había logrado dar con la respuesta y ella los estrangulaba o les daba una muerte aún más cruel. Durante la noche, mataba personas y animales, envenenaba las fuentes, quemaba las cosechas. Tebas estaba tan desesperada que la reina Yocasta prometió casarse con quien resolviese el enigma. Y fíjate cómo son las cosas, Raquel, yo venía huyendo de mi destino y adiviné el enigma. La Esfinge, derrotada y enfurecida, echando fuego por los ojos, abandonó el monte Antedón. Algunos dijeron que se despeñó y murió, pero ya ves que no es cierto: ha regresado y vuelve a hacer lo mismo que entonces. He venido para librar a Tebas de la Esfinge  por segunda vez y a pagar parte de todo el daño que hice…

– ¿Pero qué es lo que hiciste? Y dime, entonces, ¿te casaste con la reina Yocasta?

– Sí, Raquel, sí, me casé con ella y tuvimos hijos. Me llamo Edipo y fui rey de Tebas, para mi desgracia y para desgracia de mi padre, de mi madre, de mi esposa, de mis hermanos y de mis hijos…

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De los ojos vacíos de Edipo de Tebas no podían caer lágrimas, pero su voz lloraba desconsoladamente. Raquel se dio cuenta de que no debía preguntar nada más a Edipo sobre su pasado, que tanto sufrimiento le producía. Habían llegado ya, además, al pie del monte Antedón y  Raquel temblaba de pies a cabeza cuando la Esfinge los miró con sus ojos llameantes. Su voz potentísima resonó sobre ellos:

– Decid, caminantes, lo que os pregunto. Decidlo rápido o en pocos minutos habrá un antiguo rey de Tebas y una nueva chica del futuro menos sobre la faz de la Tierra. MÁS QUE TÚ LO DICEN TODOS, SOLO A TI TE PERTENECE.

En ocasiones el miedo paraliza e impide pensar con claridad. Pero otras veces es el miedo lo que nos hace ser rápidos y agudos. Raquel, en medio de su terror, recordó enseguida que ella había resuelto ese mismo enigma en clase. Sin saber de dónde le salía la  voz, se oyó a sí misma decir en voz alta y decidida:

– La solución es el nombre- dijo y después enmudeció sin dejar de temblar y sin apartar la mirada de la espantosa Esfinge.

– ¡Claro, el nombre! El nombre es de quien lo lleva, pero quienes más lo dicen son los demás… Mi nombre es Edipo, pero son los demás quienes lo repiten con amargura. ¡Bravo, muchacha!

Raquel estaba aún asombrada de su osadía cuando vio caer desde lo alto una especie de papel enrollado.

– Llevad a la muchacha, a Irene,  mis nuevos enigmas, ella se encargará – la Esfinge hablaba y su voz sonaba antigua como el tiempo-. He de irme, como prometí, pues está resuelto el enigma. Sin embargo, regresaré si en un plazo de seis meses no se han resuelto los seis enigmas que van escritos ahí.

Raquel iba a recoger del suelo el rollo de papel, pero ya Edipo se había agachado a recogerlo, como si pudiera verlo claramente. Una luz azulada comenzó a envolver a Raquel. Quiso decir algo a Edipo, pero no pudo. La luz fue creciendo hasta envolverla por completo y después, cuando la luz se extinguió, Raquel había desaparecido. Edipo, que no pudo verlo, supo que Raquel ya no estaba y susurró:

– Adiós, muchacha. Que tu destino sea feliz y apacible.

En lo alto del monte Antedón, la Esfinge extendió sus gigantescas alas de plumas tan brillantes como el acero. Sus garras ensangrentadas de tantas víctimas se contrajeron levemente y de un impulso se elevó en el aire, con un  veloz batir de alas. Rápidamente desapareció en el azul del cielo, convertida solo en un punto que fue haciéndose más y más pequeño hasta perderse de vista, aunque Edipo no pudiera verlo.

De inmediato, un clamor de júbilo se elevó sobre Tebas. Los tebanos  habían visto que la Esfinge se iba y lo celebraban. Pronto se oyeron campanas y trompetas mezclados con el griterío de la gente, que ya salía de las murallas de la ciudad para saber qué había ocurrido. Edipo posó su mano derecha sobre su corazón, conmovido:

– Es Tebas  que se alegra. Es mi ciudad, jubilosa.

Lentamente, encaminó sus pasos a la ciudad donde un día fue Rey y donde ahora esperaba no ser reconocido por nadie, no ser recordado por nadie, no ser nombrado por nadie. Iba dispuesto a buscar a una muchacha llamada Irene para entregarle el nuevo encargo de la Esfinge, antes de alejarse de Tebas, cuya sola memoria hacía llorar a su corazón.

Published in: on abril 17, 2009 at 6:04 pm  Dejar un comentario  

ADIVINANZA VISUAL 9. Solución

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Pero   esto…, ¿qué es?

Muchos creyeron que era un reloj (a secas), un reloj de arena o incluso un reloj de piedra. Imaginativas, vuestras respuestas. Pero los ojos más sagaces fueron los de Arancha y Alba, que vieron que se trataba de un TRONCO cortado. ¡Enhorabuena a las dos!

Aquí tenéis la imagen completa. Es u n tronco de mimosa bastante sorprendente. La foto de la adivinanza era justo el centro del tronco, los últimos años de vida del árbol.

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Published in: on abril 17, 2009 at 4:25 pm  Dejar un comentario  

YA ESTAMOS TODOS

Ya estamos todos de nuevo aquí, después de las vacaciones de Semana Santa, espero que con las pilas bien recargadas después de estos días de descanso.

Terminamos las clases con las Evaluaciones y esa estupenda Semana Cultural, en la que pudimos asistir a talleres, conciertos, exposiciones, mercadillos, desayunos, marchas. .. ¡Uf! ¡Fue estupendo! También para mí este es el primer año en el centro y cada vez descubro que me gusta más.

 Ahora empezamos el último trimestre. ¡A por él! Nos queda muy poco ya y merece la pena hacer un último esfuerzo. Venga, adelante. pies

Hemos llegado hasta aquí y vamos a hacer lo posible para terminar el curso con éxito. Cuento con vosotros, ¿eh? Vosotros ya sabéis que, como siempre, contáis conmigo.

Published in: on abril 9, 2009 at 9:52 am  Dejar un comentario