EL ENIGMA DE LA ESFINGE V

¡Enhorabuena a todos los que intentaron inventar la continuación de la historia! La mejor ha sido la de Verónica Rebollo, que ya tiene su premio. El relato de Verónica ha tenido muy en cuenta el final del último episodio y viene  a decir más o menos esto:

Irene era una chica decidida, que nunca se rendía cuando estaba convencida de que algo merecía la pena. Y ahora estaba segura de que la idea que se le había ocurrido merecía muchísimo la pena. Así que se puso manos a la obra: había que intentarlo, al menos.

– Estás loca, Irene, -le dijo su madre asustada cuando se la contó-. Déjalo, te lo ruego. Eres solo una niña, no intentes enfrentarte de nuevo a la Esfinge. ¿Sabes lo que ese monstruo podría hacer contigo…?

Irene vio el rostro angustiado de su madre, que temía por ella, y lamentó  darle problemas y sintió que la quería mucho, pero que debía intentarlo a pesar de todo.

– Es solo una niña, pero es valiente y noble. Escúchala, quizá no esté tan loca como te parece – intervino el abuelo.

Irene lo escuchó con un gesto de agradecimiento y al fin su madre, llena de dudas aún pero aceptando aquel descabellado proyecto de su hija, se puso de su parte. Las dos pasaron el resto del día cortando una vieja túnica y cosiendo sin parar, según las instrucciones que iba dando Irene.

– Era así, mamá. No…, más estrecho por abajo…, eso es. Ahora sí se parece a lo que llevaba Alberto.

Por fin estuvo listo todo. Irene y su madre habían confeccionado con la tela de la vieja túnica algo muy parecido al chándal que Alberto S. llevaba en su vivita a Tebas. Cuando Irene se lo puso, su hermano pequeño, Zale, lanzó un silbido de admiración. Poco antes de la puesta de sol, acompañada de su abuelo y de Zale, Irene llegó al pie del monte Antedón y soportó de nuevo la mirada terrible de la Esfinge.

– Sé la solución de tu enigma. “Estoy en ti y en mí, y sin embargo no estoy en nosotros”, dijiste. La solución es la i – dijo Irene con voz temblorosa-. La letra i.

La esfinge, al escuchar la solución, agitó suavemente las alas y dijo con su voz increíblemente potente:

– Acertaste… Ahora yo debería irme de Tebas… Admiro tu valentía, he de reconocerlo. Porque sé que tú no eres quien pareces ser: eres la chica que recibe visitas del futuro y, nuevamente, no has sido tú quien dio con la solución. ¿Creías que podrías engañarme  vestida con esa ropa estrafalaria?

Las piernas de Irene flaquearon: la Esfinge había descubierto la estratagema. Esta vez acabaría con su vida, estaba segura, igual que en otras ocasiones había hecho con otros tebanos. La Esfinge no se detenía ante la muerte. Ahora sería cuando el monstruo acabaría con ella de alguna manera horrible: la estrangularía, la elevaría entre sus garras hacia el cielo y la dejaría caer desde lo alto, la envenaría con su aliento ponzoñoso o quién sabe qué…

A su espalda, a una prudente distancia, su hermano y su abuelo la esperaban. Ojalá la Esfinge no les hiciese nada a ellos. Irene se giró sin retroceder y gritó:

– ¡Vete, Zale! ¡Llévate de aquí al abuelo! ¡Huye! ¡No es a vosotros a quien la Esfinge quiere!

Después  encaró la mirada cruel de la Esfinge y se quedó allí quieta ante ella, sabiendo que era inútil tratar de escapar corriendo y salvarse. Recordó las advertencias de su madre y su corazón lloró en su pecho lamentando causarle el dolor insoportable de morir así, tal y como su madre había temido.

– Eres valiente – la Esfinge hablaba con un tono inusualmente cálido-. Y además de valiente eres lista. Amas a tu pueblo y por él arriesgas tu propia vida de tan pocos años. No me iré, porque quien adivinó el enigma no fue quien vino a darme la respuesta. Sin embargo, he decidido hacerte un regalo.

Irene escuchó las palabras de la esfinge sin lograr creer lo que oía. Ahora el miedo había desaparecido y solo quedaba una pena inmensa por tener que abandonar a sus seres queridos. Los recuerdos de su infancia (los juegos con sus hermanos, los cuentos del abuelo junto al fuego en las noches de invierno, la alegre voz de su madre cantando mientras la llevaba con ella a lavar la ropa en los arroyos, los ojos bondadosos de su padre , muerto cuando  ella era muy pequeña) pasaban velozmente por su cerebro. Las palabras del monstruo interrumpieron los recuerdos:

– Te regalo tu vida: no morirás hoy… Y no solo eso: también tu querida Tebas recibirá un regalo que mucho necesita. Mañana, al amanecer, se abrirán las puertas de la muralla y los tebanos podrán salir tranquilos a recoger gran cantidad de alimentos frescos. A ti, que eres solo una niña, deberán agradecerlo. Pero antes, quiero que toda Tebas oiga un nuevo enigma que deberá ser resuelto antes de la noche de mañana. El  enigma dice así: EL VIENTO NO ME MUEVE, LA TIERRA NO ME SEPULTA,  EL FUEGO NO ME QUEMA, EL AGUA NO ME MOJA. Vete ahora, empieza a anochecer.

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Irene, que era tan atrevida, no se atrevió esta vez a abrir la boca. Tenía muchas preguntas, pero no hizo ninguna. Se sentía llena de una felicidad nunca antes experimentada: seguía viva, volvería con los suyos. Echó una última mirada a la Esfinge, que volvía a  permanecer en silencio, con los ojos fijos el algún punto inconcreto frente a ella, ignorando su presencia. Le dio la espalda y empezó a caminar en dirección a Tebas. Su hermano y su abuelo la esperaban para abrazarla muy fuerte, y juntos los tres, felices de estar de nuevo juntos, abrazados aún, volvieron a casa. En el horizonte anaranjado y violeta, el sol se ocultaba. Llegaba, en efecto, la noche. Pero esta vez sabían que la Esfinge no traería muerte, sino un delicioso regalo que tendrían que ir a buscar en cuanto el sol volviera a iluminar la ciudad de Tebas.

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Published in: on febrero 27, 2009 at 7:50 pm  Dejar un comentario  

SIERRA DE FUENTES

Por Ricardo Vinagre Rosado

Mi pueblo, Sierra de Fuentes, está al lado de Cáceres, a 14 kilómetros más o menos. Somos casi 3.000 habitantes. Aquí, al instituto, vienen desde allí todos los días dos autobuses y un minibús. En mi clase estamos cuatro niños de Sierra de Fuentes. Cerca de mi pueblo hay otras poblaciones, como Torreorgaz y Torremocha.

Vista aérea de mi pueblo

Vista aérea de mi pueblo

 

 En Sierra de Fuentes hay mucho campo, y también tenemos una ermita muy bonita en el Risco y un mirador. Nuestras fiestas son el 15 de mayo, San Isidro (que es el patrón de los agricultores), y celebramos una romería en su honor. Hay otra fiesta que se celebra en septiembre, el día 14. Es la del patrón de Sierra de Fuentes y se llama Santísimo Cristo del Risc0.

El Risco

El Risco

Me gusta mi pueblo porque allí me lo paso bien y nos conocemos todos.

NO CAMBIARÍA MI PUEBLO POR NINGUNO.

(Las fotografías están tomadas de de la web del Ayuntamiento: http://www.sierradefuentes.es/)
Published in: on febrero 27, 2009 at 12:56 pm  Dejar un comentario  

EL 33

EL NÚMERO MÁS FAMOSO DE LA MEDICINA

El profe de Matemáticas, Manuel Nieto, nos ha dejado este curioso pasatiempo. Le damos las gracias y le felicitamos por haberse animado a participar en ESTAMOS TODOS. Probad y veréis…

El número 33 es muy conocido porque siempre aparece en los chistes de médicos. Pero tiene otra característica curiosa: al multiplicarlo por un primo suyo, el 3367 (33 por parte de madre y 67 por parte de padre), y sus múltiplos ¡hace unas cosas …!

Realiza las siguientes multiplicaciones y observa los resultados obtenidos

33 . 3367 . 1 =

33 . 3367 . 2 =

33 . 3367 . 3 =

33 . 3367 . 4 =

33 . 3367 . 5 =

33 . 3367 . 6 =

33 . 3367 . 7 =

33 . 3367 . 8 =

33 . 3367 . 9 =

Published in: on febrero 25, 2009 at 6:27 pm  Dejar un comentario  

¡QUÉ RICO! Flan parisino

flan  Aquí traigo mi receta de este flan que no se parece en nada a nuestro flan, pero que está bien rico.  El que traje en Navidad no estaba tostadito por arriba porque no lo gratiné, pero si lo queréis como el de la foto, solo tenéis que poner unos minutos el grill antes de sacarlo del horno.

Ingredientes

200 gr de harina

100 gr de azúcar

30 gr de mantequilla

4 huevos

1 litro de leche

Una cucharada grande de azúcar vainillado

Elaboración

Poner en un bol la harina, los azúcares y los huevos enteros. Fundir la mantequilla, añadirla al bol  y remover hasta conseguir una pasta sin grumos. Añadir poco a poco la leche. Después se pone la mezcla en un molde que habremos untado previamente con mantequilla. Meter en el horno precalentado a 200º durante unos 45 minutos.

Published in: on febrero 24, 2009 at 9:32 pm  Dejar un comentario  

TÓRTOLAS TURCAS:Tenemos nuevos vecinos

Por Alba Alarcón y Juan Carlos Morán

Desde el aula de 1º G vemos por la ventana un patio donde hay un ciprés muy grande y algunos limoneros pequeños. En el ciprés, desde hace días, un par de tórtolas turcas hacen su nido, seguramente para tenerlo listo para la primavera. El lugar que han elegido está muy cerca de la ventana, pero a ellas no parece que les moleste tenernos tan cerca.

Sobre el tejado, a la derecha del ciprés, la tórtola turca.

Sobre el tejado, a la derecha del ciprés, la tórtola turca.

 

Para que sepamos algo más sobre nuestros nuevos vecinos, os contaremos algunas cosas sobre ellos:

La tórtola turca (streptopelia decaocto) es natural de Europa y Asia. Fue introducida en las Bahamas, desde donde se ha propagado a Cuba, algunas Antillas Menores y la península de Florida ( EE UU). En Florida su número es ya abundante y aún continúa aumentando. También ha sido introducida en Japón.

Habita en zonas de cultivo y áreas urbanas. En la India se la documenta hasta los 300 metros de altitud. Anidan durante todo el año en los arbustos y árboles. El nido es una plataforma hecha de ramitas. La nidada habitual consiste en dos huevos. Es la pareja la que  incuba y cuida de los pichones (no solo la madre). Este ave  mide unos 32 cm.

Estos son nuestros nuevos vecinos. En clase todos estamos muy interesados en verlos y conocer a sus crías cuando nazcan.

 

Published in: on febrero 19, 2009 at 7:32 pm  Dejar un comentario  

MUSIQUITA. La vida es un carnaval. Celia Cruz

Todo aquel que piense que la vida es desigual,
tiene que saber que no es así,
que la vida es una hermosura, hay que vivirla.
Todo aquel que piense que está solo y que está mal,
tiene que saber que no es asi,
que en la vida no hay nadie solo, siempre hay alguien.

Ay, no ha que llorar, que la vida es un carnaval,
es mas bello vivir cantando.
Oh, oh, oh… Ay, no hay que llorar,
que la vida es un carnaval
y las penas se van cantando.

Todo aquel que piense que la vida siempre es cruel,
tiene que saber que no es así,
que tan solo hay momentos malos, y todo pasa.
Todo aquel que piense que esto nunca va a cambiar,
tiene que saber que no es así,
que al mal tiempo buena cara, y todo pasa.

                                      sonrisas

http://www.goear.com/listen.php?v=cd2c628

Published in: on febrero 19, 2009 at 7:14 pm  Dejar un comentario  

PANADERO: La profesión de mi padre

Por Alejandro Rubio

 

Yo vivo en Hinojal, un pueblo de Cáceres, y mi padre es panadero. Empieza a trabajar a las once y media de la noche y acaba a las ocho de la mañana. Mientras todos dormimos, él pasa la noche trabajando para que por la mañana, bien temprano, esté listo el pan: tierno, rico, recién hecho. Por eso el trabajo de mi padre es tan importante. ¿Os imagináis lo que sería comer sin pan? ¿Y nuestros bocadillos, cómo serían sin él?

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A continuación os cuento la forma en que mi padre prepara este alimento que comemos todos los días y que es tan fundamental en nuestra dieta.

Elaboración del pan.

El pan es una masa formada principalmente por harina, agua, sal, levadura y mejorantes. Por ejemplo, a 50 kg de harina se le agregan 25 l de agua, más 1 kg de sal. La cantidad de levadura depende del tiempo que haga, pues no es lo mismo en invierno que en verano, pero puede ser una media de 600 gr de levadura y 200 gr de mejorantes.

Todos estos ingredientes se ponen en una amasadora y los amasamos unos 20 minutos. Después la masa pasa a una refinadora, para que la pasta sea más suave y fina. A continuación se lleva a la pesadora, en cual queda dividida en diversos formatos que son diversos tipos de pan y bollos, que a continuación se colocan en tableros. Estos tableros, que van colocados en carros, pasan a la cámara de fermentación, donde gracias al reposo y a la levadura la masa fermenta (aumenta su volumen). Una vez fermentados, lo metemos en los hornos para ser cocidos. Su cocción dura aproximadamente 30 minutos a unos 250º de temperatura. Después sacamos los panes del horno y los dejamos enfriar en unos carros antes de envasarlos con plástico y así pasan directamente a las tiendas donde la gente puede comprarlos.

Todo esto me lo ha explicado mi padre y ahora también vosotros sabéis todo el trabajo que se necesita para que cada día podamos comer el pan recién hecho.

Published in: on febrero 18, 2009 at 1:55 pm  Dejar un comentario  

MERCADILLO. 1º G con el Proyecto Nirmala

Por Alfonso Guillén

Durante el recreo del pasado día 13 de febrero, víspera de San Valentín,  1º G preparó un mercadillo para colaborar en el proyecto NIRMALA e intentar construir un instituto  para chicos de nuestra edad en la India.

Ese día hubo más puestos: los de Hostelería prepararon magdalenas y otros dulces muy ricos, los de Garantía Social vendieron carpetas forradas por ellos con telas y también hubo un desayuno de churros con chocolate.

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En nuestro puesto vendimos broches y pendientes de fieltro hechos por nosotros, poemas decorados y jabón casero elaborado con aceite reciclado. De su venta sacamos una buena recaudación para el Proyecto Nirmala: fue todo un éxito.

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De parte de todos los niños de 1º ESO G , quiero dar las gracias a nuestra Tutora  por habernos ayudado a conseguirlo.

Published in: on febrero 17, 2009 at 5:41 pm  Dejar un comentario  

Las buenas cosas de Arroyo de la luz

ACETRE. Bailes del pandero

http://www.goear.com/listen.php?v=c0422a0

Published in: on febrero 13, 2009 at 7:50 pm  Dejar un comentario  

EL ENIGMA DE LA ESFINGE IV

Aquella mañana, a primera hora, cuando empezó la clase de Lengua y los chicos y chicas de 1º G se concentraban en identificar los  verbos en el texto que acababan de leer, el puesto de Alberto S. permaneció vacío.

Muy lejos de allí, a kilómetros de distancia terrestre y a más de veinte siglos de distancia temporal, Alberto S. se despertaba de su extraño viaje. Tendido aún en el suelo de tierra de la azotea de Irene, Alberto abrió los ojos y sobre él pudo ver un cielo cubierto por una delgada capa de nubes casi transparente.

-¿Vienes del mismo lugar que Arancha?

La voz de Irene, emocionada, sobresaltó al chico, que la miró sin entender nada.

-¿Vienes de Cáceres y del futuro, como mi amiga Arancha?

Alberto vio, sorprendido, que aquella chica morena de túnica blanca y exótico peinado se acomodaba junto a él en el suelo y empezaba a contarle precipitadamente una historia increíble sobre un monstruo, un enigma y la reciente visita de Arancha, su compañera de clase, la misma que se sentaba justo delante de él, en su misma fila. Alberto guardó silencio, pero Irene dijo, aplaudiendo muy flojito, como para que nadie oyera sus muestras de júbilo:

– ¡Lo sabía! ¡Sabía que tú venías del futuro, como ella! Lo sé porque los dos vais vestidos así, con esas ropas tan raras.

– ¿Tan raras? – se sorprendió Alberto, que llevaba puestos su chándal y sus deportivas-. La que va rara eres tú, ¿de qué vas disfrazada?

Entonces Irene, con gesto de resignación, fue explicándole a Alberto que se encontraba en la antigua Tebas, en Grecia; que su compañera Arancha ya había hecho ese mismo viaje y todo lo que ya sabéis. También le contó, con una cierta decepción, que la Esfinge no había aceptado la respuesta que Arancha encontró para el enigma porque, aunque era la correcta, no fue Arancha en persona quien se la dijo. Por último Irene relató cómo la Esfinge, esa misma noche, había sobrevolado la ciudad para elegir una nueva víctima y se había llevado a un centinela de los que custodiaban la muralla.

-Lo estranguló sin piedad alguna y abandonó su cuerpo sin vida al pie del monte Antedón- terminó Irene, tratando de contener su indignación.

A pesar de su confusión, Alberto no había perdido una palabra del relato de Irene, pero aún se resistía a creer lo que la chica tebana le había contado.

– ¡Bah! ¡Me estás tomando el pelo! ¡Tú has visto muchas películas!- replicó mientras se ponía en pie para echar un vistazo desde la azotea.

Lo que vio lo dejó helado: la ciudad de piedra y barro se extendía en calles y callejuelas innumerables. A su izquierda, sobre una colina, se alzaba un templo de simétricas columnas.

         acropolis1

-No me crees, ¿verdad? – preguntó Irene a su lado- . Tienes razón, es increíble todo lo que te he dicho, pero te daré una prueba. Mira hacia allá.

El dedo índice de Irene temblaba cuando apuntó hacia el monte Antedón, que sobresalía de la muralla por el este. Allí, en su cumbre, la gigantesca esfinge de rostro inmóvil, garras sangrientas y poderosas alas, esperaba la solución de su nuevo enigma.

Alberto sintió por un momento que la cabeza le daba vueltas y que su corazón estaba tan alterado que parecía latirle en la garganta. Se sentó de nuevo en el suelo y cerró muy fuerte los ojos, como para borrar de ellos la visión de la terrible criatura. No podía ser. ¿Qué era todo aquello? Entonces, ¿los monstruos existían? ¿De veras había viajado en el tiempo? ¿Cómo iba a poder regresar a casa?

– ¿Cómo te llamas, chico del futuro? Aún no me has dicho tu nombre. Yo soy Irene y sueño con derrotar a la Esfinge y librar a Tebas de su crueldad. Bueno…, y también me gustaría mucho ir al instituto, como tú y como Arancha.

– Yo soy Alberto -y estrechó la mano que Irene le tendía-. Perdóname por no haberte creído antes.

– No importa- respondió ella-. Lo entiendo. Solo espero que me ayudes a resolver el enigma y me acompañes a decírselo a la Esfinge. ESTOY EN TI Y EN MÍ, Y SIN EMBARGO NO ESTOY EN NOSOTROS, dijo la esfinge. Ve pensando la solución mientras bajo a buscar algo de comer. ¡Hay que tratar bien a los invitados y aún no te he ofrecido nada!

Irene despareció sonriente. De repente había recobrado la esperanza de poder deshacerse de la Esfinge: Alberto la ayudaría, estaba segura.

Solo en la azotea, Alberto no paraba de pensar en todo aquel lío. Y en medio de todas aquellas ideas confusas, surgía una y otra vez el enigma aún no resuelto que acababa de decirle Irene.  Haciendo acopio de valor, volvió a levantarse para mirar hacia el monte Antedón. La soledad de la ciudad era imponente: nadie osaba ni tan siquiera asomarse a la puerta  de su casa. Una campana dejó en el aire tres campanadas lejanas. Mientras Alberto observaba detenidamente el monstruoso aspecto de la Esfinge, esta giró levemente la cabeza y su mirada se clavó unos segundos en los ojos de Alberto. Era una mirada fría y cruel, que enseguida volvió a quedarse fija, mirando al frente. Fue entonces cuando Alberto, lejos de ceder al terror, se decidió a hacer lo posible por ayudar a Irene. Resolvería el enigma. Iría ante la esfinge y le diría la respuesta correcta. Libraría a Tebas de aquella espantosa criatura antes de volver a casa.

– Aquí tienes: agua, una ciruela seca y un poco de pan de centeno. Está un poco duro, lo siento. Pero desde que llegó la Esfinge los alimentos escasean cada día más.

Irene puso aquel pobre desayuno a su huésped: no tenía nada mejor que ofrecerle.

– Voy a ayudarte, Irene- respondió Aberto y tomó un trago de agua para refrescar su garganta.- Déjame pensar…”Estoy en ti y estoy en mí…y sin embargo…”

Albertó pensó que habría preferido desayunar uno de aquellos suculentos coquillos que hacía su abuela, pero tenía hambre y  se puso a mordisquear la ciruela seca. De repente, una bombilla se encendió en el interior de su cabeza, lo mismo que en los cómics.

         bombilla-011              ¡Lo tenía!

– ¡La i! ¡La letra i! Está en TI y está en MÍ, pero no está en NOSOTROS. ¡Estan fácil! Esta adivinaza la resolví en clase, hace poco.

¡Claro! La letra i. Vaya chico listo aquel Alberto. Irene sintió ganas de abrazarlo, como había hecho con Arancha, pero se contuvo, porque en la antigua Grecia los chicos y las chicas no podían darse un abrazo a no ser que fuesen novios. En vez de un abrazo, le tendió de nuevo su mano, llena de gratitud y de impaciencia:

– ¡Gracias, gracias, gracias, Alberto, gracias! Bajo a avisar a mi abuelo y a mi madre. Iremos cuanto antes a decirle la solución a la Esfinge. ¿Estás preparado? ¿Sí? ¡Ah, una cosa…! Por favor, no vayas a desaparecer ahora, por favor, no desaparezcas antes de acompañarnos al monte Antedón, te lo suplico…

La mano de Alberto seguía prisionera en la mano de Irene, que la apretaba como si así pretendiera no dejarlo escapar.

-No me iré, Irene, cálmate. No voy a desaparecer- la tranquilizó Alberto- He dicho que iré a decirle la solución a la Esfinge y lo haré. Cumpliré mi palabra.

Pero mientras Alberto hablaba, sin darse cuenta ni quererlo, su cuerpo había comenzado a desprender una luz cada vez más brillante.

– ¡No, Alberto, no!- gritó Irene, apretando aún con más fuerza la mano del chico del futuro, casi cegada ya por aquel resplandor que también la envolvía a ella.- ¡No te vayas ahora! ¡Por favor, no te vayas! ¡Espera…!

Un destello aún más intenso lo llenó todo. Cuando la luz cesó, la mano con que Irene apretaba la de Alberto estaba vacía: Alberto había desaparecido. Irene  sintió que la esperanza se le iba tras Alberto.  Su reciente ilusión de derrotar a la Esfinge se había convertido en una sombra. Se sintió vencida y triste.

De nuevo había ocurrido, igual que con Arancha. ¿Aceptaría la esfinge la solución si no era Alberto en persona quien se la decía? No, claro que no… ¿O tal vez sí, si ponía en práctica lo que se le estaba ocurriendo? Irene trató de que la esperanza no la abandonase del todo, pero sus ojos miraban al suelo,  llenos de lágrimas. Respiró hondo y levantó la cabeza:

– ¡Dale  un abrazo a Arancha de mi parte! Es una chica lista y valiente, como tú. ¡Y buen viaje, Alberto, amigo! – dijo mirando hacia el cielo, como si Alberto aún pudiera oírla.

(Esta vez tampoco hay adivinanza, pero seguiremos con los premios. A ver quién escribe la mejor continuación de la historia: ¿qué pasará esta vez con el enigma? ¿Qué se le habrá ocurrido a Irene? Venga, imaginación, papel, boli y que broten las palabras).

Published in: on febrero 13, 2009 at 6:27 pm  Dejar un comentario