SAN VALENTÍN: SOMOS TODO CORAZÓN

Por Verónica Rebollo

¡Llega San Valentín! Y nosotros, los alumnos de 1º G, estamos preparando unas cositas para venderlas,  sacar un poco de dinero y enviarlo a la India en colaboración con el PROYECTO NIRMALA, para que allí puedan construir un instituto y para que puedan aprender los chicos y las chicas de la población de Desapura.

Entre todos estamos haciendo adornos como pendientes, broches de fieltro con forma de corazón y molinillo; también vamos a seleccionar poemas de los mejores autores para que puedan servir de regalo, poemas de amor y de amistad, y de todo lo que signifique cariño y afecto. De momento estamos haciendo esto, pero a lo mejor prepararemos algo más…

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Colaboradores: Mara (nuestra Tutora), Raquel, Verónica, Estefanía, Arantxa, Alba, Ricardo, Alberto S., Alberto M., Rubén, Alejandro, Iván, Juan Carlos, Alfonso, Carlos y Benito. 1ºB nos ayudó a decorar poemas un día: muchas gracias por eso.

Esperamos que colaboréis con nosotros el día 13 de febrero, viernes, comprando en el puesto que colocaremos frente a Conserjería. Tráete algo de dinerito. Los chicos y chicas de Desapurna (India) te lo agradecerán.

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Published in: on enero 29, 2009 at 4:26 pm  Dejar un comentario  

EL ENIGMA DE LA ESFINGE III

Un viaje en el tiempo

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– ¿Quieres comer algo?

Arancha miró extrañada. Acababa de despertarse y un sol deslumbrante cegaba sus ojos oscuros.

– ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas? – volvieron a preguntarle.

Arancha se incorporó hasta quedar sentada en el piso de tierra de la azotea. Una chica con un extraño peinado y una túnica blanca sujeta en uno de sus hombros la miraba con ojos llenos de curiosidad.

– Me llamo Irene – dijo la chica- ¿Quién eres tú?

Arancha no respondió. Estaba empezando a sustarse. ¿Qué hacía en aquel lugar?¿No debería estar ahora en clase de Mates, en su instituto, en Cáceres? Sin responder aún, se levantó del suelo y observó desde la azotea una ciudad extraña, muy antigua, con edificios de piedra y casas de barro, calles sin asfaltar y sin rastro de semáforos, ni coches, ni autobuses… Ahora que caía, tampoco había farolas ni cables de electricidad.  ¿Y su móvil? Por suerte, lo encontró en el bolsillo de sus vaqueros, pero enseguida comprobó que no tenía nada de cobertura. Entonces fue ella quien interrogó a Irene:

-¿Dónde estamos? ¿Por qué vas vestida así? ¿Hoy no tienes clase? Voy a llegar tarde al instituto, van a llamar a mi casa y ya verás la que se va a liar…

– ¿Que dónde estamos? ¡Pues en Tebas! ¿Y por qué vas vestida ASÍ tú?

Arancha oyó voces en la calle y al asomarse vio a dos niñas y un hombre que se dirigían a alguna parte a toda prisa. Las niñas vestían como Irene y el hombre llevaba también una túnica, esta de color azul gastado.

-Soy Arancha. Y tengo que irme – dijo al fin.

Pero Irene ya no estaba. Regresó de inmediato con un cuenco de madera en que traía higos secos cubiertos de miel. En ese momento Arancha sintió que tenía mucha hambre. Mientras desayunaban sentadas a la sombra de la pared de barro de la azotea, Arancha e Irene comenzaron a contarse cosas. Ninguna de las dos pudo explicarse cómo es que Arancha había llegado allí ni por qué las dos se entendían a pesar de hablar dos lenguas tan distintas: español Arancha, griego antiguo Irene. Lo que sí parecía evidente es que Arancha no solo había viajado en el espacio -de España a Grecia- sino que venía del futuro, decía Irene.

– No vengo del futuro – puntualizó Arancha- . Lo que pasa es que he viajado al pasado.

-¿Y no es lo mismo, al fin y al cabo?

Las dos chicas se echaron a reír.

-Oye, tú no sabrás resolver enigmas, ¿verdad? – preguntó Irene con un repentino gesto de preocupación. Y le contó a Arancha todo sobre la Esfinge, la muerte de los ganados, del pastor  y del soldado, la cosecha de trigo perdida, abrasada por los candentes ojos de la Esfinge durante esa misma noche, como ella misma había soñado. Le habló también del difícil enigma  que la monstruosa criatura había planteado  a los habitantes de Tebas y que era necesario resolver con urgencia.

– Espera…-la interrumpió Arancha-. Todo eso que me estás contando lo he oído en otra parte…Pero, no sé, habrá sido por este viaje tan extraño al pasado, estoy confusa…No consigo acordarme bien. Creo que fue en el instituto, pero…

-¡Qué es un instituto?- la curiosidad de Irene hizo que por un momento se le olvidara el enigma.

– Un instituto es… Como una escuela, pero para chicos y chicas mayores. ¿Por qué lo preguntas? ¿Es que tú no estudias?

-¡Ya me gustaría! En Tebas solamente estudian algunos chicos, los hijos de los ricos. Bueno, también algunas chicas, pero muy pocas, y solo las nobles y ricas de la ciudad. ¿Es que en  el futuro las chicas pueden estudiar aunque no sean princesas o hijas de ricos comerciantes?

-¡Anda! ¡Pues claro! ¿O acaso crees que yo soy una princ…? ¡L0 tengo!  ¡Ya me acuerdo, Irene! ¡Resolví el enigma de la esfinge en el instituto, en una clase de OMOAE! ¡Dime el enigma, rápido, a ver si es el mismo!

Irene abrió mucho los ojos. ¿Qué sería eso de OMOAE? ¿Se había vuelto loca Arancha? ¿Cómo es que aseguraba haber resuelto el enigma de la Esfinge si venía del futuro? Por si acaso era verdad lo que la chica del futuro decía, Irene repitió las palabras de la Esfinge, las misma que ella se había repetido miles de veces para desentrañar su misterio:

– La esfinge dijo: “Nómbrame y desapareceré”

– ¡SILENCIO! ¡La respuesta al enigma es “El silencio”! – casi gritó Arancha, rompiendo con su voz emocionada el silencio de la azotea.

– ¡Claro!- Irene aplaudía y daba saltos de alegría-. ¡El silencio! ¿Cómo no se me ocurrió, con la de vueltas que le he dado! Si hay silencio y alguien pronuncia la palabra “silencio”, o sea, lo nombra, el silencio desaparece. ¡Qué lista eres, Arancha! ¡Como se nota que tú sí estudias! ¡No sabes cómo me gustaría ir contigo a tu instituto!

Irene se abrazó a Arancha con lágrimas en los ojos. Su alegría se había envuelto de repente  en un silencioso llanto:

– Nunca te lo podremos agradecer bastante, Arancha. Ahora la Esfinge se irá y podremos seguir viviendo tranquilos. Llamaré a mi madre, a mis hermanos, a mi abuelo. Iremos al monte y diremos a la Esfinge la solución de su enigma. Y tú, Arancha, vendrás con nosotros, si es que no tienes miedo. Allí está ,mira…

Arancha miró hacia donde señalaba el dedo de su nueva amiga y vio a la Esfinge, quieta y terrible, esperando la llegada de otra noche. Un escalofrío recorrió su espalda.

-Sí, os acompañaré. Pero después tendré que pensar en la manera de volver al instituto…- prometió Arancha, demostrando ser tan valiente como la chica tebana.

Irene empezó a bajar las escaleras para entrar en la casa. Desde allí se volvió y dijo con una gran sonrisa en sus labios:

– Voy a darle la noticia a mi familia, querrán conocerte todos. Vuelvo enseguida.

Arancha volvió a quedarse sola en la azotea. La visión de la Esfinge le había alterado el pulso, sentía su corazón latiendo muy, muy fuerte. Y de pronto sintió un sueño inexplicable. Bostezó. ¿Como conseguiría volver a Cáceres? ¿Cómo podría comunicarse con Irene si es que podía salir de la antigua Tebas alguna vez? ¿Cómo…?

Arancha se recostó de nuevo en el piso de tierra prensada. Cerró los ojos presa de un sueño inaplazable. Cuando Irene regresó con su abuelo y sus hermanos a la azotea, aún pudo ver a Arancha plácidamente dormida e irradiando una luz muy fuerte, que fue creciendo muy deprisa hasta deslumbrar a todos salvo al anciano ciego.  Cuando la luz cesó, Arancha había desaparecido.

– ¿Se ha ido, verdad? – preguntó el abuelo.

– Sí- balbuceó Irene, llena de asombro y tristeza.

– Que tenga  un buen viaje tu amiga del futuro. Y  que los dioses la bendigan por habernos salvado con su inteligencia. Ella tenía que regresar a su país y a su tiempo, pero no te olvidará nunca, Irene.

Aquella misma mañana, Irene tuvo el valor de ir junto a su abuelo al monte  Antedón para dar a la Esfinge la solución del enigma. La Esfinge dio por buena la respuesta, pero se resistió a irse, argumentando que Irene no era la verdadera descubridora de la solución.  Ya sabemos que había sido Arancha, pero Arancha ya no estaba en Tebas. Sin descomponer su rostro impasible, la Esfinge anunció más destrucción y más muerte para esa noche y pronunció el segundo de sus enigmas:

– ESTÁ EN TI Y ESTÁ EN MÍ, Y SIN EMBARGO  NO ESTÁ EN NOSOTROS.

(Para quien resuelva este enigma, el premio será aparecer en otro capítulo de El enigma de la Esfinge)

Published in: on enero 25, 2009 at 6:03 pm  Dejar un comentario  

EL ENIGMA DE LA ESFINGE II

La mañana transcurrió entre el temor y la incertidumbre. Los habitantes de Tebas permanecieron ocultos en los rincones más apartados de sus hogares y nadie se atrevió a salir para cumplir sus obligaciones: el horno de hacer pan no se encendió, los hortelanos no fueron a sus huertas, los tejedores  no osaron llamar la atención de la esfinge con el crujido rítmico de sus telares. Nadie quiso encender el fuego para cocer los alimentos, por temor a que el humo atrajese la mirada terrorífica del monstruo.

Creonte, rey de Tebas, dio órdenes a sus capitanes para que reuniesen a los mejores hombres armados y fuesen a matar a la misteriosa Esfinge, vengando así la muerte del pastor y de los rebaños. No sería tanto el poder de aquel monstruo como para  que no sucumbiese ante los mejores guerreros tebanos.

Al mediodía, cincuenta hombres armados y acostumbrados a vencer en todas las batallas esperaban a que la puerta de la muralla se abriera para salir a combatir a la Esfinge. El rey Creonte  en persona llegó desde  palacio a lomos de su caballo  para infundirles valor y prometerles riquezas: un puñado de esmeraldas  más  su peso en oro y sal para el guerrero que lograse derrotar a la cruel criatura. Las lanzas centelleaban al sol, las afiladas flechas estaban listas para volar en busca de su blanco, las espadas oscilaban al paso de los hombres cuando por fin abandonaron el recinto amurallado de Tebas. Fue entonces cuando muchos de los temerosos tebanos fueron saliendo poco a poco de sus casas para ocupar puestos en torres y azoteas. Desde allí, desde lo alto, esperaban presenciar la muerte de la Esfinge y verse libres por fin de su crueldad.

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Un escalofrío de espanto estremeció a los soldados cuando llegaron al pie del monte Antedón, a un paso de la ciudad,  porque pudieron ver de cerca lo que ninguno de ellos había visto y ni siquiera imaginado nunca:  el rostro de la esfinge era pálido como la cera y no reflejaba emoción alguna. Sus ojos, sin embargo, brillaban incandescentes como brasas y no perdían detalle de todo lo que ocurría ante ellos. Su boca estaba llena de veneno, cuyo hedor llegaba hasta los asombrados soldados. Sus gigantescas alas y sus garras se veían manchadas de la sangre de sus recientes víctimas.

El primero en atacar fue Panos, el más valiente y veterano de todos, que trató de atravesar el pecho del monstruo con su lanza. Pero la Esfinge levantó el vuelo, esquivando el golpe, para atrapar por los hombros a Panos velozmente con sus afiladas garras y ascender, ascender más y más, fuera del alcance de las flechas que los demás guerreros le lanzaban. Volaba ya muy alto cuando de pronto soltó el cuerpo del veterano. El grito formidable que acompañó su caída cesó junto a la muralla. Los compañeros recogían el cadáver de Panos cuando la Esfinge volvió a posarse sobre la cima del monte. Los dejó hacer, impasible. Dejó que llevasen de vuelta el cuerpo desbaratado de Panos sin intentar un nuevo ataque. No hacía falta más crueldad. Quedaban sobradamente probados su poder y su fuerza.

Irene lo había visto todo desde la azotea de su casa, desobedeciendo las órdenes de su madre, que no había querido ni oír hablar de abandonar la protección de los muros de la vivienda. Tenía solo 12 años y no había parado en todo el día de darle vueltas en su cabeza al enigma de la Esfinge. No quería otra cosa más que resolverlo y conseguir que aquella criatura dañina se fuese del monte de su ciudad de una vez por todas. Pero no había podido resolver aún aquel maldito enigma. La muerte del guerrero la llenó de pena e indignación.

– Si fuese un chico, iría a pelear contra la Esfinge-dijo aguantando la rabia y las ganas de llorar.

– Nada puede la fuerza de las armas contra el poder de la Esfinge- replicó una voz a sus espaldas.

Se volvió y encontró allí a su abuelo, que era un anciano de cabellos y barba blanquísimos, un anciano adorable, completamente ciego desde  hacía años.

-Pensemos, Irene, no queda otro remedio. Pidamos ayuda a los dioses y usemos la cabeza para encontrar la solución del enigma. Nada puede derrotar a la Esfinge si no es la inteligencia y la sabiduría.

Irene buscó la protección de los brazos de su abuelo y después lo condujo de la mano por las escaleras, hacia el interior de la casa. Dentro de no muchas horas llegaría nuevamente la noche y, con ella,  volvería otra vez la crueldad de la Esfinge.

Durante esa noche, Irene cedió agotada a un sueño agitado, plagado de imágenes inconexas, donde la Esfinge de alas sangrientas arrasaba los trigales de los campos de Tebas porque nadie había resuelto aún el enigma. Una brisa cálida soplaba incesante en el sueño entrecortado de Irene, una brisa que traía aromas y extrañas músicas de lugares muy lejanos, y donde una voz amiga repetía una desconocida palabra de tres sílabas: Arancha… Arancha… Arancha…

(Esta vez no hay enigma, pero habrá premio para quienes encuentren en el texto los adjetivos y los entreguen en una hoja, clasificados según sus grados. En la próxima aventura aparecerá el personaje de la clase que ya ha resuelto el primer enigma. Y habrá nuevos enigmas. No os impacientéis). 
 
 
 
 

 

Published in: on enero 22, 2009 at 3:43 pm  Dejar un comentario  

ADIVINANZA VISUAL 4. Solución

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¡Me pasa cada cosa!

Esta vez he metido sin querer en la lavadora una foto de mi mascota y se ha teñido con el estampado de mi pijama. ¡Lastima, porque es un animalito precioso, chiquito, tierno…! ¿Que no lo creéis?  Aguzad la vista y adivinad de qué se trata mientras busco la manera de volver a dejar la foto como estaba. Se llama Cata, mi mascota. Y es una monada, animalito.

¡Alba y Alberto S. de nuevo! Pero, ¿qué pasa con ellos, que lo adivinan todo? Aquí tenéis la foto de Cata, mi tortuga. Y los adivinadores ya tienen su premio. ¡Enhorabuena!                                     copia-de-tanque

Published in: on enero 21, 2009 at 5:52 pm  Dejar un comentario  

HELECHOSA DE LOS MONTES

¡Esto se anima! Veo que habéis venido de vacaciones de Navidad llenos de energía. Estoy encantada. Cada vez trabajáis más para el blog  y confío en que igual hagáis con los estudios.

¡Arriba 1ºG!

Os preguntaréis qué es eso de Helechosa de los Montes… Es el pueblo de Alba Alarcón. Está en la provincia de Badajoz, rodeado de un paisaje impresionante. Alba nos ha traído un vídeo de Helechosa y, por cuestiones técnicas, no podemos ponerlo aquí, pero lo veremos en clase y descubriremos el lugar donde Alba vive cuando no está con nosotros. Muchas gracias, Alba, por invitarnos y ayudarnos a conocer otro lugar más de esta parte del planeta donde tenemos la suerte de vivir: Extremadura.

Published in: on enero 19, 2009 at 6:50 pm  Dejar un comentario  

BIZCOCHO DE CHOCOLATE… ¡QUÉ RICO!

                                    bizcocho-de-chocolate

¿Quién quiere repetir del estupendo bizcocho de Chocolate que trajo Verónica Rebollo a nuestra fiesta? Para quien se anime, nuestra cocinera de hoy nos ha dejado el secreto de su receta: fácil y buenísima.

INGREDIENTES

2 huevos

150 gr de mantequilla

150 gr de azúcar

25 gr de cacao en polvo

1/2 vaso de leche

150 gr de harina

1 cucharadita de levadura

ELABORACIÓN

Cogemos un bol hondo y mezclamos poco a poco, y sin dejar de batir, el azúcar y la mantequilla. Cuando hayamos obtenido una pasta cremosa, añadiremos los 2 huevos y volveremos a mezclar bien.

Añadiremos después, también poco a poco y sin dejar de mezclar, el cacao en polvo, la leche y la harina (a la que habremos añadido una cucharadita de levadura). Engrasamos con mantequilla el interior de un molde de horno, lo espolvoreamos de harinay echamos en él el contenido del bol. Metemos al horno a calor moderado unos 30 minutos. Ir revisando cada 5 minutos para evitar que se queme. Cuando el bizcocho lo vemos cocido y doradito, lo sacamos del horno, lo dejamos enfriar, lo sacamos del molde y lo servimos.

               ¡QUÉ RICO!

Verónica Rebollo

Published in: on enero 19, 2009 at 6:38 pm  Dejar un comentario  

EL ENIGMA DE LA ESFINGE I

Hace muchos, muchos, muchos años, en la antigua ciudad de Tebas recibieron una inesperada visita.

 
                                                                                                                                              

Rojo-desolación. Acrilico. Gimena Garza
Rojo-desolación. Acrílico. Gimena Garza

 

 

 

Una mañana, cuando los tebanos despertaron, oyeron el lamento de los pastores. Todos los rebaños habían sido cruelmente atacados durante la noche. Algunos corderos aún balaban malheridos. Otros se veían con su cuerpecillo ensangrentado, una pata arrancada con violencia o tal vez era la frágil cabeza la que faltaba del cuerpo. Igual había ocurrido con las ovejas, con las vacas y los terneros.

Uno de los pastores traía una terrible herida en el pecho y agonizaba sobre unas parihuelas. Entre sus labios moribundos se deslizaban palabras que hicieron pensar a todos los que le oyeron que había enloquecido. El pastor hablaba en susurros de un monstruo con cabeza de mujer, cuerpo y cola de león, y fabulosas alas de pájaro.

Fue entonces, cuando los labios del pastor se callaron para siempre porque le llegó la muerte, cuando el monstruo voló sobre la ciudad y se acomodó en un monte cercano. Con la voz más potente y cruel que podáis imaginar, el monstruo alado habló ante la sorpresa y el pánico de los tebanos:

– Soy la Esfinge-dijo- y me quedaré en Tebas hasta que alguno de vosotros resuelva uno solo de mis enigmas. Cada noche sembraré de destrucción y sangre la ciudad si no lo hacéis.

La multitud, que oyó espantada la amenaza de la esfinge, corrió a refugiarse tras las murallas de la ciudad. Pero el sol de la mañana brillaba y no había llegado de nuevo la hora de la Esfinge. Los gritos de terror y los lamentos habían cesado. La gente se agazapaba en sus casas, cerraban puertas y ventanas intentando así librarse de la presencia del monstruo. El silencio dominó la ciudad. Pero otra vez los tebanos se vieron obligados a oír desde sus escondrijos la voz tonante de la esfinge (que atravesaba muros, puertas y murallas), pronunciando el primero de los enigmas:

– NÓMBRAME  Y DESAPARECERÉ.

(En próximas adivinanzas conseguiréis saber muchas otras cosas sobre la Esfinge de Tebas. Por el momento, intentad resolver su enigma. Quien lo haga recibirá un premio muy especial: será protagonista de la próxima aventura de la Esfinge).

Published in: on enero 19, 2009 at 4:46 pm  Dejar un comentario  

MUSIQUITA: Nana del caballo grande (Lorca y El Camarón)

 

http://www.goear.com/listen.php?v=b9ba72f                                                                           

 

                                                        caballo

Published in: on enero 16, 2009 at 8:41 pm  Dejar un comentario  

COQUILLOS ¡QUÉ RICOS!

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¿A que todo el mundo se acuerda de los coquillos que trajo Alberto Sierra para nuestra fiesta? ¡Estaban riquísimos! Claro que… En fin, os revelaré un secreto… Acercaos, que os lo cuento al oído: Alberto no los hizo solo, no, ¡qué va! Le ayudó su abuela y… eso es estupendo, que los nietos y las abuelas hagan coquillos juntos , y compartan muchas cosas. Ahora Alberto nos trae la receta de sus inolvidables coquillos, que os pongo  continuación. ¿Quién se anima a probar esta receta en casa con la ayuda de su propia abuela?

 

INGREDIENTES

La cáscara de una naranja

5 clavos de especia

5 ó 6 hojas de laurel

4 palos de canela en rama

Un bote de anís en grano

1 Kg de harina

1 vaso de aceite de girasol

Algo menos de medio vaso de aguardiente

Una pizca de sal

ELABORACIÓN

Ponemos a cocer en el agua la cáscara de naranja, los clavos, el laurel, la canela y el anís. Después de 20 minutos el agua se habrá reducido más o menos a un vaso de infusión. Entonces se apaga y se cuela.

Echamos sobre la harina el agua de la infusión, el aceite y el aguardiente. Por último se añade una pizca de sal y se amasa bien para que quede como la masa del pan. Con esta masa hacemos bolas que extenderemos con un rodillo para formar el coquillo. Se fríen con aceite de girasol hasta que estén doraditos. Se escurren y se les echa por encima azúcar o miel.

 

Nota: Muchas gracias a la abuela de Alberto por haber compartido con nosotros a través de su nieto esta deliciosa muestra de repostería tradicional extremeña.             

Esta  florroja es para ella.

Published in: on enero 16, 2009 at 6:31 pm  Dejar un comentario  

ADIVINANZAS TRADICIONALES EXTREMEÑAS

SOLUCIONES

extremadura

¿Qué será, qué será,

que está en la puerta

y no quiere entrar ?                                       EL UMBRAL

Largo, largo como un camino

y cabe en un pucherino.                               EL HILO

Larga, larga como una soga

y tiene dientes de zorra.                                LA ZARZA

Los adivinadores de estas adivinanzas que ya conocían nuestros abuelos y los abuelos de nuestros abuelos fueron: Alfonso Guillén, Iván Guerra, Raquel García, Alberto Sierra y Juan Carlos Morán. ¡ENHORABUENA!  ¡Otro premio!

Published in: on enero 16, 2009 at 5:41 pm  Dejar un comentario